Sobre estimulación de mTORC1 mediada por la ingesta de leche y promoción de la tumorigénesis de próstata

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En 2012, en la revista Nutrition & Metabolism, se publica The impact of cow’s milk-mediated mTORC1 signaling in the initiation and progression of prostate cancer, donde los autores establecen las vías de señalización a través de las cuales, el consumo de leche induce el cáncer de próstata a través de la hiperactivación de mTORC1.

La leche y los productos lácteos aumentan el aporte de proteínas, inducen la síntesis de insulina y aumentan las concentraciones de IGF-1, además de proporcionar abundante leucina implicada en la activación de mTORC1. La leche de vacas preñadas, contiene niveles elevados de precursores de andrógenos y estrógenos, que aumentan la captación y el transporte de leucina, provocando una mayor activación de mTORC1.

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La leche por sí sola es el alimento que provoca una mayor estimulación de mTORC1. Un artículo publicado en 2004 en American Journal of Clinical Nutrition, encontró que el consumo de leche se asoció positivamente con las concentraciones de IGF-1. Un aumento en la ingesta de leche de 200 a 600 ml/día correspondió a un incremento del 30% en la concentración plasmática de IGF-1.

 

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Autor: José Ávila

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Consumo de leche y patogénesis de la DM tipo2 y de la obesidad

En 2012, una publicación en World Journal of Diabetes, recoge gráficamente la señalización de la leucina en la patogénesis de la DM tipo2 y de la obesidad.

Leucina, insulina / IGF-1 y glucosa inducen la activación de mTORC1 (diana de la rapamicina en mamíferos, complejo 1). La activación de mTORC1 estimula la proliferación de células β, aumenta la secreción de insulina,  la resistencia a la insulina y la apoptosis de las células-β, promoviendo así el desarrollo de la diabetes tipo 2.

Sin títuloLeyenda: AAT: transportador de aminoácidos; IR: receptor de la insulina; GLUT: proteínas transportadoras de glucosa; IRS-1: sustrato receptor de insulina 1; PI3K: fosfoinositol-3 quinasa; Akt: Akt quinasa [= proteína quinasa B (PKB)]; TSC1: tuberosa esclerosis complejo 1 (hamartina); TSC2: La esclerosis tuberosa 2 (tuberina); AMPK: La adenosina monofosfato quinasa activada por proteína; EGCG: El galato de epigalocatequina; DIM: 3,3 ‘-diindolylmethane; SREBP: regulador de esteroles elemento de unión a factor de transcripción.

Tal y como se observa en la imagen, el incremento de la ingesta de proteína láctea, induce la activación de la mTORC1 a través de tres vías de señalización diferentes: leucina-iGF-1-insulina; a diferencia de la ingesta de carne o el consumo de alimentos de alta carga glucémica, que inducirían la actividad de la mTORC1 solo a través de dos vías de señalización.

La ingesta elevada de leche y derivados de la misma, puede conllevar una excesiva señalización a través de diferentes vías de estimulación de la actividad de  mTORC1, estimulando la proliferación de células β, aumentando la secreción de insulina,  la resistencia a la insulina y la apoptosis de las células-β, promoviendo así el desarrollo de la diabetes tipo 2.

Un factor clave a tener en cuenta en este sentido sería establecer de forma personalizada la dosis-respuesta. Para una estimulación de la mTORC1 sin “efectos secundarios”.  Ya que, lo que para muchos puede resultar poco, para otros puede ser demasiado. Una vez más debe tenerse muy en cuenta la bioquímica individual.

No obstante, en el ámbito deportivo, sobre todo en disciplinas donde se busca un importante desarrollo de la masa muscular, se podría estar hiperestimulando la actividad de mTORC1 con el consecuente riesgo de desarrollar DM tipo2. Muchos de los suplementos utilizados por estos deportistas tienen ese objetivo: whey protein isolate, BCAA (4:1:1), etc. Hay que ser cautos en este sentido y apostar por el asesoramiento profesional.

Una vez más, el consumo de leche y deribados de la misma, se asocia a una mayor prevalencia de enfermedades graves, como la DM tipo2. En esta publicación, se establecen las vías de señalización a través de las cuales el consumo de leche predispondría a un mayor riesgo de DM tipo2.

Para hacer frente a estos hallazgos, la nutrición ortodoxa, la subvencionada por la Industria, seguirá utilizando sus estudios epidemiológicos; estadística fácilmente manipulable.

Autor:  José Ávila.

 

La carne y la leche de las “Súper Vacas” tienen grasas trans

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Muchos estudios han puesto de manifiesto la relación entre la ingesta de grasas trans y el incremento de la concentración plasmática de colesterol total, LDL-c, triglicéridos, Lp(a), biomarcadores de inflamación sistémica, disminución de la concentración plasmática de HCL-c y disfunción endotelial. Un consumo elevado de grasas trans se asocia con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. Además, el consumo de grasas trans constituye un factor de riesgo independiente para la parada cardíaca.

En la dieta se encuentran ácidos grasos trans que tienen distintos orígenes, auqnue al pensar en grasas trans, usted piense en galletas, bollería, margarina… Así, en la leche y la carne de rumiantes (vacas, por ejemplo) encontramos ácidos grasos trans (generalmente, en una proporción de un 3%-6% de los ácidos grasos totales), que derivan de la transformación de ácidos grasos insaturados cis por parte de bacterias del rumen, de la vaca por ejemplo. Ésto ocurre en todas las vacas, en las de ganadería intensiva, en las de ganadería ecológica y en las Súper Vacas alimentadas exclusivamente con pasto freco, que viven en libertad, que no han sido tratadas con farmacoterapia,…

No obstante, la Industria le ha alienado para que consuma productos bajos en grasas, y por tanto es muy probable que usted consuma leche desnatada o semidesnatada, lo cual no quiere decir que esos prodcutos no contengan grasa, sino que la contienen en menor proporción que el producto original. Sin embargo, algunos expertos en nutrición, apuestan por el consumo diario de leche de Súper Vacas. Concretamente Súper Leche cruda entera. Ya que defienden que la grasa de la leche de las Súper Vacas, contiene muchos ácidos grasos poliinsaturados (los omega-3 de los que habrá oído hablar), con una excelente ratio n-6/n-3 (ya que debe existir un correcto equilibrio entre ácidos grasos omega-6 y omega-3), una excelente fuente de ácido linoléico conjugado (CLA) del que ya hablamos en un post anterior, etc… Pero no nos cuentan nada, de las  grasas trans que vehiculiza esa Súper Leche.

La Industria lechera, a intentado por todos los medios de ocultar éste hecho, e incluso han tratado de hacernos creer que las grasas trans procedentes de la Industria sí eran nocivas, pero las grasas trans de las vacas no.

En 2011, en European Journal of Clinical Nutrition, los autores de Consumption of industrial and ruminant trans fatty acids and risk of coronary heart disease: a systematic review and meta-analysis of cohort studies, concluían: “nuestro análisis sugiere que los ácidos grasos trans industriales, pueden ser positivamente relacionados con enfermedades del corazón, mientras que los ácidos grasos trans de los rumiantes no lo son; pero el número limitado de estudios disponibles impide ninguna conclusión definitiva acerca de si la fuente de la que provienen los ácidos grasos trans es determinante. La falta de asociación entre los ácidos grasos trans de los rumiantes y el riesgo de cardiopatía coronaria puede ser debida a bajos niveles de ingestión. En el caso de las grasas trans industriales el consumo osciló entre 2.8-10g/día, mientras que en el caso de las grasas trans derivadas de los rumiantes, el consumo osciló entre 0.5-1.9g/día.

En 2006, en Atherosclerosis Supplements, se publica un artículo, Intake of ruminant trans fatty acids and risk of coronary heart disease-an overviewdonde los autores hacían la siguiente reflexión: “Los estudios epidemiológicos han establecido una fuerte asociación entre la ingesta de ácidos grasos trans y el riesgo de enfermedad coronaria. Sin embargo, las comparaciones entre los ácidos grasos trans procedentes de la industria y los ácidos grasos trans procedentes de los rumiantes, en relación al riesgo de enfermedad coronaria, se han realizado con diferencias significativas en cuanto a la ingesta. Estudios metabólicos controlados garantizan la asociación entre la ingesta de ácidos grasos trans de rumiantes y el riesgo de enfermedad coronaria. Estudios epidemiológicos realizados con poblaciones con una alta ingesta de ácidos grasos trans de rumiantes también han establecido dicha asociación“.

En 2009, en European Journal of Clinical Nutrition, los autores de Health effects of trans-fatty acids: experimental and observational evidence, basándose en una extensa revisión en Medline, llegaban a las siguientes conslusiones: “la ingesta de grasas trans se ha asociado con el incremento de la concentración plasmática de LDL-c, Ratio colesterol total/HDL-c, biomarcadores de inflamación sistémica (TNF-α, IL6, proteína C-reactiva), disminución de la concentración plasmática de HCL-c y disfunción endotelial. El consumo de grasas trans se ha asociado también con resistencia a la insulina y aumento de peso. Un meta-análisis  de estudios prospectivos sugiere que los efectos de las grasas trans industriales y las grasas trans derivadas de los rumiantes, son similares cuando se consumen en las mismas cantidades”.

En 2012, un artículo publicado en British Journal of Nutrition, A prospective study of intake of trans-fatty acids from ruminant fat, partially hydrogenated vegetable oils, and marine oils and mortality from CVDen el que el objetivo del estudio fue evaluar la asociación entre el consumo de ácidos grasos trans (AGT) de aceites vegetales parcialmente hidrogenados (AVPH), AGT de aceites de pescado parcialmente hidrogenado (APPH) y AGT de rumiantes; y los riesgos de muerte por enfermedad cardiovascular (ECV), enfermedad coronaria (EC), accidente cerebrovascular (ACV) y muerte súbita (MS).
Durante el seguimiento, 3.870 sujetos murieron por ECV; 2.383 por EC; 732 por ACV; y 243 por MS. El consumo de AGT procedente de AVPH se asoció con las muertes por EC y ACV; El consumo de AGT procedentes de APPH se asoció con muertes por ECV y ACV; y el consumo de AGT de rumiantes se asoció con muertes por ECV, EC y MS. Las conclusiones de los autores: “el presente estudio apoya que el consumo de ácidos grasos trans, independientemente de la fuente de la que provengan, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular”. Aunque no hay que despreciar que fue el consumo de ácidos grasos trans procedentes de rumiantes, el que se asoció con las tres posibles causas de muerte.

En 2013, en International Journal of Cancer, los autores de Intake of trans fatty acids from partially hydrogenated vegetable and fish oils and ruminant fat in relation to cancer risk, llevaron a cabo un estudio similar al presentado anteriormente, pero en este caso para establecer la relación entre el consumo de grasas trans de diferentes fuentes y diferentes tipos de cáncer. Concretamente, el objetivo del estudio fue evaluar la asociación entre el consumo de ácidos grasos trans (AGT) de aceites vegetales parcialmente hidrogenados (AVPH), AGT de aceites de pescado parcialmente hidrogenado (APPH) y AGT de rumiantes; y el riesgos de cáncer. Utilizando los datos de un estudio prospectivo realizado en Noruega que monitorizó los hábitos de consumo de la población entre 1974-1988;  77.568 sujetos de ambos sexos, fueron controlados hasta 2007.
Durante el seguimiento se dieron 12.004 casos de cáncer. El consumo de AGT procedente de AVPH se asoció con cáncer de páncreas en hombres y linfoma no Hodgkin en ambos sexos; El consumo de AGT procedentes de APPH se asoció con cáncer rectal, cáncer de próstata, y mieloma múltiple; y el consumo de AGT de rumiantes se asoció con todos los anteriores, con el cáncer de boca/faringe y con el mieloma múltiple. De nuevo, fue el consumo de ácidos grasos trans de rumiantes, el que se relacionó con una mayor incidencia de diferentes  tipos de cáncer.

Por lo tanto, consumir Súper Leche cruda con su grasa rica en CLA, etc…, no parece ser una buena alternativa; ya que también vehiculiza grasas trans.

Autor: Jose Ávila

El ácido linoleico conjugado (CLA) de las “Súper Vacas” no es tan bueno como nos hacen creer

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Existen muchos profesionales de la salud, que si bien se han proclamado abiertamente detractores de ese “líquido blanco muerto” que usted compra en el supermercado, ese al que llama leche; son fervientes defensores de la leche cruda de animales criados en libertad que sólo han sido alimentados con pasto fresco, y todo lo demás…; la ¡”Súper Leche”!

En éste post me centraré en las bondades del ácido linoleico conjugado (CLA) que contiene la “Super Leche”, ya que el líquido blanco muerto, parece no contener nada o muy poco de CLA.

El interés por el CLA surgió inicialmente al identificarse su acción anticarcinógena, la cual fue confirmada en diversas ocasiones en varios modelos animales y en sistemas in vitro. Posteriormente se han descrito varios  efectos  de estos ácidos grasos sobre diversos sistemas biológicos; así, se le han atribuido al CLA propiedades antiadipogénicas, antiaterogénicas, antidiabetogénicas y antiinflamatorias y, además, podrían ser beneficiosos para la salud ósea.

Sin embargo, poco o nada se habla de los estudios que han relacionado el consumo de CLA con perjuicios para la salud. Quizás sea, porque evidentemente se trata de una muy buena herramienta de marketing para vender leche. De hecho, existe en el mercado leche enriquecida con CLA, cuyas vacas han sido alimentadas con una mayor proporción de semillas de girasol lo que conlleva un incremento de la ratio n-6/n-3 con el consecuente perjuicio para la salud del consumidor.

En un estudio publicado en 2010, en The American Journal of  Clinical Nutrition, Dietary supplementation with cis-9,trans-11 conjugated linoleic acid and aortic stiffness in overweight and obese adultslos autores encontraron que los isómeros cis9, t11 del CLA (algunos de los más utilizados incluso por la Industria de la suplementación), no se asociaron con cambios positivos en factores de riesgo cardiovascular como la glucosa en ayunas, los lípidos en ayunas, la composición corporal, la resistencia a la insulina, la proteína C-reactiva...; Tampoco mostraron un efecto antiaterosclerótico.

En 2011, un estudio publicado en Journal of Nutrition, Conjugated linoleic acid supplementation for 8 weeks does not affect body composition, lipid profile, or safety biomarkers in overweight, hyperlipidemic men, llegaba a conclusiones similares, los isómeros t9, cis12 y cis9, t11 del CLA, no se asociaron con cambios positivos en el peso corporal, la composición corporal o el perfil lipídico. Éstos resultados no confirman el efecto del CLA sobre la pérdida de peso o la regulación del perfil lipídico.

En 2004, en The Ameriacn Journal of Clinical Nutrition, se publicaba Effects of cis-9,trans-11 conjugated linoleic acid supplementation on insulin sensitivity, lipid peroxidation, and proinflammatory markers in obese men, donde los autores demuestran que los isómeros c9, t11 del CLA, se asociaron con una disminución de la sensibilidad a la insulina del 15% en comparación con el grupo control y un 50% más de excreción urinaria de 8-iso-prostaglandina F (2 alfa) y un 15% más de 15-ceto-dihidro-prostaglandina, 2 marcadores de estrés oxidativo. No hubo diferencias en cuanto a composición corporal entre los grupos.

Un artículo publicado en 2004 en Diabetologia, Supplementation with trans10cis12-conjugated linoleic acid induces hyperproinsulinaemia in obese men: close association with impaired insulin sensitivity, llegaba a las siguientes conclusiones: “los isómeros t10,c12-CLA, inducen hiperproinsulinemia que está relacionada con la sensibilidad a la insulina, independientemente de los cambios en las concentraciones de insulina. Estos resultados son de interés clínico, como ya que la hiperproinsulinemia predice la diabetes y la enfermedad cardiovascular. El uso de suplementos para bajar de peso que contienen este ácido graso es preocupante”.

En 2010, se publica un artículo en Diabetes Care, Treatment with dietary trans10cis12 conjugated linoleic acid causes isomer-specific insulin resistance in obese men with the metabolic syndrome, donde los isómeros t10,c12 del CLA inesperadamente incrementan la resistencia a la insulina, la glucemia y reducen la concentración plasmática de HDL-c (tres factores de riesgo cardiovascular, aunque también guardan relación con la etiología de otras enfermedades).

Incluso si las bondades otorgadas al CLA fuesen consistentes, no hay que olvidar el “vehículo” que estaríamos utilizando para ingerir CLA, leche de vaca; con todos los inconvenientes de la misma, incluso si se trata de Súper Leche de Súper Vacas, como iremos viendo. No obstante, parece que el CLA se ha asociado con resistencia a la insulina, estrés oxidativo, inflamación sistémica de bajo grado…, guardando éstos procesos relación directa con patologías tan graves como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades neurodegenerativas, …

Una última anotación, cuidado con la Súper Leche de las Súper Vacas, porque incluso esas vacas deben tener un mínimo de vacunas en su cartilla. Piensen que nos están instando a consumir su Super Leche, cruda, para que mantenga “intactos” todos sus nutrientes. Incluso la legislación en ganadería ecológica obliga a un número determinado de vacunas. Si está comprando Súper Leche, y quien se la vende le asegura que la vaca no ha sido vacunada, le invito a recabar información, por ejemplo, acerca de la brucelosis…

Autor: Jose Ávila