E-954 Sucralosa (Splenda®). ¿Inocuo?

La microflora intestinal normal representa un conjunto complejo, dinámico y diverso de microorganismos, que normalmente habitan en el tracto gastrointestinal. En condiciones normales, entre la flora y el huésped, existe un beneficio mutuo (simbiosis), donde el anfitrión aporta los nutrientes necesarios para la supervivencia de la microbiota y las últimas cumplen múltiples funciones en relación a la síntesis y absorción de determinados nutrientes. Varios estudios han recogido la interacción huésped-microbio en la etiopatología de numerosas enfermedades, y el potencial terapéutico de la manipulación a través de la dieta del microbioma.

La disbiosis intestinal, puede dar lugar a importantes implicaciones patológicas. Las bacterias comensales del intestino son esenciales para el mantenimiento de la integridad de la función de barrera de la mucosa. La alteración de  la integridad anatómico-funcional de esta barrera ha sido relacionada en diversos estudios con la etiopatología de diversas enfermedades: Síndrome de Intestino Irritable, Enfermedad Inflamatoria Intestinal, Síndrome Metabólico, Obesidad y Cáncer.

En 2008, en Journal of Toxicology and Environmental Health, se publica un estudio donde  los investigadores describen el impacto sobre la microbiota intestinal de ratones a los que se les administró sucralosa:

– La sucralosa reduce en un 50% las bacterias beneficiosas del intestino. Esta situación predispone a la disbiosis intestinal, condición previa a la pérdida de permeabilidad selectiva de la barrera intestinal que provocaría una activación del sistema inmune que podría cronificarse (low grade inflammation).

Sin título

– Aumenta el pH en el intestino con la consecuente proliferación de la flora putrefactiva (disbiosis-leaky gut sindrome-low grade inflammation).

– Afecta las glicoproteínas; las cuales tienen efectos importantísimos en relación a la salud, especialmente si se toman ciertos medicamentos, ya que éste hecho, puede provocar una disminución del efecto terapéutico de quimioterápicos, de anti-retrovirales,  y de fármacos utilizados en el abordaje de enfermedades cardíacas.

– Es absorbida por la grasa (contrario a lo que se afirmaba).

En otro artículo publicado en 2012 en World Journal of Gastroenterology, el autor afirmaba que la sucralosa puede ser un factor clave causante de la enfermedad inflamatoria intestinal, a través de la inhibición de las bacterias beneficiosas del intestino, la inhibición de la inactivación de las proteasas digestivas y sobre la digestión de la capa de moco (bacterias mucolíticas) y la barrera intestinal (las bacterias -Proteasa-moco-Barrier). Esta nueva hipótesis sugiere que la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Chron (EC) son dos síntomas de la morbilidad en sí mismos, en lugar de dos enfermedades diferentes. Que ambas son causadas por el debilitamiento de barrera del intestino y sólo se diferencian en que la UC se debe principalmente al aumento de la infiltración de las bacterias intestinales y el reclutamiento de neutrófilos resultante y formación de abscesos en la cripta, mientras que el EC se debe principalmente al aumento de la infiltración de antígenos y partículas del lumen intestinal, y el reclutamiento de macrófagos resultante y la formación de granulomas.

En los últimos años, y atendiendo al desconcierto que existe en la población frente a las asociaciones que la ciencia ha establecido entre determinados edulcorantes sintéticos (sacarina, aspartamo, etc.) y patologías graves, la Inductria de los suplementos deportivos a comenzado a utilizar sucralosa como edulcorante sintético en muchos de sus productos. En este sentido, habría que ser cauto sobre todo en deportes que vayan acompañados de una respuesta inflamatoria sistémica, como por ejemplo el triatlón.

La empresa Maxifuel, patrocinadora y proveedora oficial de suplementos de la Federación Española de Triatlón, añade sucralosa a algunos de sus suplementos [por ejemplo Viper Boost®: Maxcarb (mezcla patentada de dextrosa y maltodextrina), L-tartrato de L-carnitina, aroma, gluconato de magnesio, colorante (betacaroteno), cloruro de sodio, taurina, ácido málico, ácido cítrico, cafeína, glucuronolactona, edulcorante (sucralosa)].

Hay que leer las etiquetas y ser cautos frente al consumo de productos que contengan sucralosa. Sobre todo si se trata de productos que se consumen en cantidades importantes, debido a su frecuencia de consumo, como ocurre con los suplementos deportivos.

Autor: José Ávila.

Anuncios

La carne y la leche de las “Súper Vacas” tienen grasas trans

wec

Muchos estudios han puesto de manifiesto la relación entre la ingesta de grasas trans y el incremento de la concentración plasmática de colesterol total, LDL-c, triglicéridos, Lp(a), biomarcadores de inflamación sistémica, disminución de la concentración plasmática de HCL-c y disfunción endotelial. Un consumo elevado de grasas trans se asocia con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. Además, el consumo de grasas trans constituye un factor de riesgo independiente para la parada cardíaca.

En la dieta se encuentran ácidos grasos trans que tienen distintos orígenes, auqnue al pensar en grasas trans, usted piense en galletas, bollería, margarina… Así, en la leche y la carne de rumiantes (vacas, por ejemplo) encontramos ácidos grasos trans (generalmente, en una proporción de un 3%-6% de los ácidos grasos totales), que derivan de la transformación de ácidos grasos insaturados cis por parte de bacterias del rumen, de la vaca por ejemplo. Ésto ocurre en todas las vacas, en las de ganadería intensiva, en las de ganadería ecológica y en las Súper Vacas alimentadas exclusivamente con pasto freco, que viven en libertad, que no han sido tratadas con farmacoterapia,…

No obstante, la Industria le ha alienado para que consuma productos bajos en grasas, y por tanto es muy probable que usted consuma leche desnatada o semidesnatada, lo cual no quiere decir que esos prodcutos no contengan grasa, sino que la contienen en menor proporción que el producto original. Sin embargo, algunos expertos en nutrición, apuestan por el consumo diario de leche de Súper Vacas. Concretamente Súper Leche cruda entera. Ya que defienden que la grasa de la leche de las Súper Vacas, contiene muchos ácidos grasos poliinsaturados (los omega-3 de los que habrá oído hablar), con una excelente ratio n-6/n-3 (ya que debe existir un correcto equilibrio entre ácidos grasos omega-6 y omega-3), una excelente fuente de ácido linoléico conjugado (CLA) del que ya hablamos en un post anterior, etc… Pero no nos cuentan nada, de las  grasas trans que vehiculiza esa Súper Leche.

La Industria lechera, a intentado por todos los medios de ocultar éste hecho, e incluso han tratado de hacernos creer que las grasas trans procedentes de la Industria sí eran nocivas, pero las grasas trans de las vacas no.

En 2011, en European Journal of Clinical Nutrition, los autores de Consumption of industrial and ruminant trans fatty acids and risk of coronary heart disease: a systematic review and meta-analysis of cohort studies, concluían: “nuestro análisis sugiere que los ácidos grasos trans industriales, pueden ser positivamente relacionados con enfermedades del corazón, mientras que los ácidos grasos trans de los rumiantes no lo son; pero el número limitado de estudios disponibles impide ninguna conclusión definitiva acerca de si la fuente de la que provienen los ácidos grasos trans es determinante. La falta de asociación entre los ácidos grasos trans de los rumiantes y el riesgo de cardiopatía coronaria puede ser debida a bajos niveles de ingestión. En el caso de las grasas trans industriales el consumo osciló entre 2.8-10g/día, mientras que en el caso de las grasas trans derivadas de los rumiantes, el consumo osciló entre 0.5-1.9g/día.

En 2006, en Atherosclerosis Supplements, se publica un artículo, Intake of ruminant trans fatty acids and risk of coronary heart disease-an overviewdonde los autores hacían la siguiente reflexión: “Los estudios epidemiológicos han establecido una fuerte asociación entre la ingesta de ácidos grasos trans y el riesgo de enfermedad coronaria. Sin embargo, las comparaciones entre los ácidos grasos trans procedentes de la industria y los ácidos grasos trans procedentes de los rumiantes, en relación al riesgo de enfermedad coronaria, se han realizado con diferencias significativas en cuanto a la ingesta. Estudios metabólicos controlados garantizan la asociación entre la ingesta de ácidos grasos trans de rumiantes y el riesgo de enfermedad coronaria. Estudios epidemiológicos realizados con poblaciones con una alta ingesta de ácidos grasos trans de rumiantes también han establecido dicha asociación“.

En 2009, en European Journal of Clinical Nutrition, los autores de Health effects of trans-fatty acids: experimental and observational evidence, basándose en una extensa revisión en Medline, llegaban a las siguientes conslusiones: “la ingesta de grasas trans se ha asociado con el incremento de la concentración plasmática de LDL-c, Ratio colesterol total/HDL-c, biomarcadores de inflamación sistémica (TNF-α, IL6, proteína C-reactiva), disminución de la concentración plasmática de HCL-c y disfunción endotelial. El consumo de grasas trans se ha asociado también con resistencia a la insulina y aumento de peso. Un meta-análisis  de estudios prospectivos sugiere que los efectos de las grasas trans industriales y las grasas trans derivadas de los rumiantes, son similares cuando se consumen en las mismas cantidades”.

En 2012, un artículo publicado en British Journal of Nutrition, A prospective study of intake of trans-fatty acids from ruminant fat, partially hydrogenated vegetable oils, and marine oils and mortality from CVDen el que el objetivo del estudio fue evaluar la asociación entre el consumo de ácidos grasos trans (AGT) de aceites vegetales parcialmente hidrogenados (AVPH), AGT de aceites de pescado parcialmente hidrogenado (APPH) y AGT de rumiantes; y los riesgos de muerte por enfermedad cardiovascular (ECV), enfermedad coronaria (EC), accidente cerebrovascular (ACV) y muerte súbita (MS).
Durante el seguimiento, 3.870 sujetos murieron por ECV; 2.383 por EC; 732 por ACV; y 243 por MS. El consumo de AGT procedente de AVPH se asoció con las muertes por EC y ACV; El consumo de AGT procedentes de APPH se asoció con muertes por ECV y ACV; y el consumo de AGT de rumiantes se asoció con muertes por ECV, EC y MS. Las conclusiones de los autores: “el presente estudio apoya que el consumo de ácidos grasos trans, independientemente de la fuente de la que provengan, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular”. Aunque no hay que despreciar que fue el consumo de ácidos grasos trans procedentes de rumiantes, el que se asoció con las tres posibles causas de muerte.

En 2013, en International Journal of Cancer, los autores de Intake of trans fatty acids from partially hydrogenated vegetable and fish oils and ruminant fat in relation to cancer risk, llevaron a cabo un estudio similar al presentado anteriormente, pero en este caso para establecer la relación entre el consumo de grasas trans de diferentes fuentes y diferentes tipos de cáncer. Concretamente, el objetivo del estudio fue evaluar la asociación entre el consumo de ácidos grasos trans (AGT) de aceites vegetales parcialmente hidrogenados (AVPH), AGT de aceites de pescado parcialmente hidrogenado (APPH) y AGT de rumiantes; y el riesgos de cáncer. Utilizando los datos de un estudio prospectivo realizado en Noruega que monitorizó los hábitos de consumo de la población entre 1974-1988;  77.568 sujetos de ambos sexos, fueron controlados hasta 2007.
Durante el seguimiento se dieron 12.004 casos de cáncer. El consumo de AGT procedente de AVPH se asoció con cáncer de páncreas en hombres y linfoma no Hodgkin en ambos sexos; El consumo de AGT procedentes de APPH se asoció con cáncer rectal, cáncer de próstata, y mieloma múltiple; y el consumo de AGT de rumiantes se asoció con todos los anteriores, con el cáncer de boca/faringe y con el mieloma múltiple. De nuevo, fue el consumo de ácidos grasos trans de rumiantes, el que se relacionó con una mayor incidencia de diferentes  tipos de cáncer.

Por lo tanto, consumir Súper Leche cruda con su grasa rica en CLA, etc…, no parece ser una buena alternativa; ya que también vehiculiza grasas trans.

Autor: Jose Ávila

El ácido linoleico conjugado (CLA) de las “Súper Vacas” no es tan bueno como nos hacen creer

dfv df

haz clic en la imagen para agrandar

Existen muchos profesionales de la salud, que si bien se han proclamado abiertamente detractores de ese “líquido blanco muerto” que usted compra en el supermercado, ese al que llama leche; son fervientes defensores de la leche cruda de animales criados en libertad que sólo han sido alimentados con pasto fresco, y todo lo demás…; la ¡”Súper Leche”!

En éste post me centraré en las bondades del ácido linoleico conjugado (CLA) que contiene la “Super Leche”, ya que el líquido blanco muerto, parece no contener nada o muy poco de CLA.

El interés por el CLA surgió inicialmente al identificarse su acción anticarcinógena, la cual fue confirmada en diversas ocasiones en varios modelos animales y en sistemas in vitro. Posteriormente se han descrito varios  efectos  de estos ácidos grasos sobre diversos sistemas biológicos; así, se le han atribuido al CLA propiedades antiadipogénicas, antiaterogénicas, antidiabetogénicas y antiinflamatorias y, además, podrían ser beneficiosos para la salud ósea.

Sin embargo, poco o nada se habla de los estudios que han relacionado el consumo de CLA con perjuicios para la salud. Quizás sea, porque evidentemente se trata de una muy buena herramienta de marketing para vender leche. De hecho, existe en el mercado leche enriquecida con CLA, cuyas vacas han sido alimentadas con una mayor proporción de semillas de girasol lo que conlleva un incremento de la ratio n-6/n-3 con el consecuente perjuicio para la salud del consumidor.

En un estudio publicado en 2010, en The American Journal of  Clinical Nutrition, Dietary supplementation with cis-9,trans-11 conjugated linoleic acid and aortic stiffness in overweight and obese adultslos autores encontraron que los isómeros cis9, t11 del CLA (algunos de los más utilizados incluso por la Industria de la suplementación), no se asociaron con cambios positivos en factores de riesgo cardiovascular como la glucosa en ayunas, los lípidos en ayunas, la composición corporal, la resistencia a la insulina, la proteína C-reactiva...; Tampoco mostraron un efecto antiaterosclerótico.

En 2011, un estudio publicado en Journal of Nutrition, Conjugated linoleic acid supplementation for 8 weeks does not affect body composition, lipid profile, or safety biomarkers in overweight, hyperlipidemic men, llegaba a conclusiones similares, los isómeros t9, cis12 y cis9, t11 del CLA, no se asociaron con cambios positivos en el peso corporal, la composición corporal o el perfil lipídico. Éstos resultados no confirman el efecto del CLA sobre la pérdida de peso o la regulación del perfil lipídico.

En 2004, en The Ameriacn Journal of Clinical Nutrition, se publicaba Effects of cis-9,trans-11 conjugated linoleic acid supplementation on insulin sensitivity, lipid peroxidation, and proinflammatory markers in obese men, donde los autores demuestran que los isómeros c9, t11 del CLA, se asociaron con una disminución de la sensibilidad a la insulina del 15% en comparación con el grupo control y un 50% más de excreción urinaria de 8-iso-prostaglandina F (2 alfa) y un 15% más de 15-ceto-dihidro-prostaglandina, 2 marcadores de estrés oxidativo. No hubo diferencias en cuanto a composición corporal entre los grupos.

Un artículo publicado en 2004 en Diabetologia, Supplementation with trans10cis12-conjugated linoleic acid induces hyperproinsulinaemia in obese men: close association with impaired insulin sensitivity, llegaba a las siguientes conclusiones: “los isómeros t10,c12-CLA, inducen hiperproinsulinemia que está relacionada con la sensibilidad a la insulina, independientemente de los cambios en las concentraciones de insulina. Estos resultados son de interés clínico, como ya que la hiperproinsulinemia predice la diabetes y la enfermedad cardiovascular. El uso de suplementos para bajar de peso que contienen este ácido graso es preocupante”.

En 2010, se publica un artículo en Diabetes Care, Treatment with dietary trans10cis12 conjugated linoleic acid causes isomer-specific insulin resistance in obese men with the metabolic syndrome, donde los isómeros t10,c12 del CLA inesperadamente incrementan la resistencia a la insulina, la glucemia y reducen la concentración plasmática de HDL-c (tres factores de riesgo cardiovascular, aunque también guardan relación con la etiología de otras enfermedades).

Incluso si las bondades otorgadas al CLA fuesen consistentes, no hay que olvidar el “vehículo” que estaríamos utilizando para ingerir CLA, leche de vaca; con todos los inconvenientes de la misma, incluso si se trata de Súper Leche de Súper Vacas, como iremos viendo. No obstante, parece que el CLA se ha asociado con resistencia a la insulina, estrés oxidativo, inflamación sistémica de bajo grado…, guardando éstos procesos relación directa con patologías tan graves como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades neurodegenerativas, …

Una última anotación, cuidado con la Súper Leche de las Súper Vacas, porque incluso esas vacas deben tener un mínimo de vacunas en su cartilla. Piensen que nos están instando a consumir su Super Leche, cruda, para que mantenga “intactos” todos sus nutrientes. Incluso la legislación en ganadería ecológica obliga a un número determinado de vacunas. Si está comprando Súper Leche, y quien se la vende le asegura que la vaca no ha sido vacunada, le invito a recabar información, por ejemplo, acerca de la brucelosis…

Autor: Jose Ávila

El consumo moderado de alcohol promovido por algunas sociedades pseudo-científicas incrementa el riesgo de enfermedad carviovascular

3rc3c

Como vimos en el post anterior, el consumo moderado de alcohol [15g de alcohol, aproximadamente una copa y media de vino al día (150ml)],  interfiere en la absorción, transporte y metabolismo de folato, necesario para la metilación y la reparación del ADN. Las alteraciones en estos procesos pueden dar lugar a mutaciones o la expresión de genes alterados, que aumentan el riesgo de cáncer. Algunos autores sugieren que por cada 15g de alcohol habría que suplementar al menos con 300mcg de ácido fólico.

Sin embargo, el déficit de ácido fólico no se ha asociado exclusivamente con el cáncer. La hiperhomocisteinemia ha sido propuesta como un factor de riesgo de enfermedad coronaria independiente en varios estudios, llegando incluso a establecerse que los niveles de homocisteína en plasma predicen el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, incluso mejor que cualquier otro factor de riesgo convencional, incluyendo la presión sanguínea, el colesterol o el hábito tabáquico. Entre las causas de hiperhomocisteinemia adquirida, destaca el déficit de determinadas vitaminas, entre las que se encuentran el ácido fólico, la vitamina B-6 y la vitamina B-12.

Por tanto, el consumo moderado de alcohol podría incrementar la concentración plasmática de homocisteína inducida por el déficit de ácido fólico, y con ello, incrementar el riesgo de enfermedad coronaria.

La hiperhomocisteinemia ha sido asociada con la fisiopatología de diversas enfermedades. La literatura científica, ha relacionado la hiperhomocisteinemia con el incremento del riesgo de la enfermedad coronaria, el infarto de miocardio, la enfermedad oclusiva periférica, la enfermedad oclusiva cerebral y la enfermedad oclusiva vascular retinal; insuficiencia renal crónica;  problemas reproductivos: abortos espontáneos, infartos de la placenta o bajo peso al nacer, enfermedades vasculares de la placenta o preeclampsia, infertilidad; determinados tipos de cáncer, el polimorfismo MTHFR c.677C>T homocigótico y la hipometilación se han asociado con el incremento del riesgo de cáncer de esófago y cáncer de estómago; patologías neuropsiquiátricas y neurodegenerativas: depresión, Parkinson, la hiperhomocisteinemia crónica incrementa los marcadores inflamatorios en el hipocampo y en el plasma de ratas de laboratorio, hecho que se ha relacionado con: depresión mayor, alcoholismo, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de la conducta alimentaria, entre otras.

Ahora vaya y siga bebiendo alcohol de forma moderada…, siga haciéndo caso a las recomendaciones de la SENC o a las del  “comité científico” del Centro de Información Cerveza y Salud.

Autor: Jose Ávila

El consumo moderado de alcohol que recomiendan algunas sociedades pseudo-científicas, incrementa el riesgo de sufrir cáncer de mama

vfevef

En el post anterior anunciaba que el consumo moderado de alcohol promovió por diferentes organismos nacionales e internacionales “competentes” en materia de nutrición y salud, no sólo había sido demostrado que no tenía efectos terapéuticos ni beneficiosos para el ser humano, sino que ese consumo moderado de alcohol, había sido relacionado con enfermedades como el cáncer.

En 1998, en la prestigiosa revista The Journal of American Medical Association, se publicaba un artículo con el siguiente título: alcohol and breast cancer in women: a pooled analysis of cohort studies. El estudio monitorizó a 322.647 mujeres durante 11 años. El consumo moderado de alcohol de forma regular, 10g de alcohol (aproximadamente 1 copa de vino de 100ml), se asoció con un 9% de  incremento del riesgo de cáncer de mama. Sin importar el tipo de bebida que fuese (vino, cerveza, etc.).

En otro estudio publicado en 2001 en The Journal National Cancer Institute: Serum hormones and the alcohol-breast cancer association in postmenopausal women, los autores llegaron a conclusiones similares. Cuando se consumen 15g-3g de alcohol (1.5-3 copas de vino, el rango de consumo moderado para hombres y mujeres según la SENC), la concentración plasmática de  estrógenos aumenta un 7.5%. Los autores concluían lo siguiente: “el consumo moderado de alcohol, incrementa el riesgo de cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas”.

En un meta-análisis de 98 estudios publicado en 2006 en Cancer Causes Control: Meta-analysis of studies of alcohol and breast cancer with consideration of the methodological issues, el consumo regular de 10g de alcohol (1 copa de vino de 100ml), se asoció con un incremento del 10% del riesgo de cáncer de mama. El riesgo no difirió según el tipo de bebida, los autores incluso hablaban de relación causal.

Los resultados de otro estudio publicado en 2001 en The Journal of American Medical Association, Alcohol and breast cancer: review of epidemiologic and experimental evidence and potencial mechanisms, mostraron cómo el alcohol interfiere en la absorción, transporte y metabolismo del ácido fólico, necesario para la metilación y la reparación del ADN. Las alteraciones en éstos procesos pueden dar lugar a mutaciones o a la expresión de genes alterados, que aumentan el riesgo de cáncer.

No es necesario emborracharse a diario para que el alcohol cause estragos en nuestro organismo. El consumo regular moderado ya incrementa el riesgo de padecer diversas enfermedades.

Autor: Jose Ávila

Subir y bajar de peso frecuentemente. Un juego muy peligroso que cuenta con muchos adeptos.

Un estudio publicado en la revista científica European Journal of Epidemiology en 2007, demostró que los hombres que subían y bajaban de peso con frecuencia, tenían mayor riesgo de muerte en comparación con los que permanecieron en un peso estable.

A menudo recibo en consulta pacientes que desean bajar de peso. Diría que casi el 99,9% de ellos a subido y bajado de peso más de una vez en el último año, y que ese ciclo (bajar de peso-subir de peso-bajar de peso…) se ha repetido en sus vidas durante varios años; algunos pacientes llevan subiendo y bajando de peso con frecuencia más de una década. No me refiero exclusivamente a personas que tienen problemas de obesidad. Estoy hablando también de los adeptos a la “operación bikini”, de los deportistas de élite que pasan gran parte de la temporada por encima del peso de competición y en pocos meses, incluso en pocas semanas o días deben bajar varios kilos para el pesaje, o culturistas mal asesorados (con sus fases de “ganar masa” y sus fases de “secado”), etc…

¿Por qué pueden haber encontrado los autores dicha relación?:  fluctuaciones en el peso corporal y mayor riesgo de muerte. Me centraré, para no extenderme demasiado, en algunas de las cuestiones que apoyan estos hallazgos.

El tejido adiposo, la grasa, supone un almacen de sustancias tóxicas en el organismo; evidentemente esta no es su única función. Como almacen de sustancias tóxicas, en el tejido adiposo se almacenan xenobióticos procedentes de la dieta, de lo que comemos (pesticidas, herbicidas, PCb’s, dioxinas, etc.), de los tratamientos farmacológicos que hayamos seguido (existen muchos fármacos lipóferos que tienden a almacenarse en mayor o menor medida en el tejido adiposo), de la cosmética que utilizamos (champú, perfume, barra de labios, cremas “hidratantes”, etc.).

Ni siquiera en el mejor de los casos usted está “limpio” de estas sustancias. Aún comiendo ecológico; o  no usando productos que contengan sustancias nocivas para la salud; o  aunque apueste por una medicina preventiva y en casos de abordajes agudos de alguna patología lo haga a través de la medicina natural sin usar fármacos… Nuestros actos como humanos han permitido que esas sustancias penetren en la cadena trófica. No lo dude, usted tiene en su cuerpo sustancias que boicotean su salud.

En 2005, la World Wildelife Fundation, publicó los resultados de su estudio DETOX. El obejetivo del estudio era determinar el nivel de sustancias tóxicas que llevamos en el organismo. Se analizaron muestras de 39 miembros del Parlamento Europeo y 14 ministros de Sanidad y Medio Ambiente de diferentes países europeos. Todos presentaban considerables dosis de sustancias contaminantes de demostrada toxicidad para el ser humano. Entre las sustancias encontradas destacaban: ftalatos, compuestos de perfluoro, bifenilos policlorados, etc.

En el mismo año, el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos, publicó el Third National Report on Human Exposure to Environmental Chemicals. En dicho informe los investigadores afirmaban haber identificado 48 sustancias químicas tóxicas en la sangre y en la orina de estadounidenses de diferentes edades.

Por aportar algún dato más, los expertos de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria en 2005, demostraron que la carne, la leche y sus derivados, representan más del 90% de la exposición del ser humano a sustancias contaminantes como las mencionadas anteriormente.

Todas las sustancias mencionadas, están recogidas en el listado elaborado por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud y están clasificadas como sustancias cancerígenas.

El tejido adiposo, especialmente el del perímetro abdominal, es también un reservorio de ácido araquidónico. Este ácido, es un metabolito intermedio de la ruta metabólica del ácido gammalinolénico, más conocido como omega-6, aunque también se encuentra en muchos de los alimentos que probablemente usted consume. Es precursor de un conjunto de hormonas que llevan a cabo funciones de regulación en procesos inflamatorios, regulación de la respuesta inmune ante determinadas infecciones, etc. Es decir, necesitamos ácido araquidónico, la clave es que debe ser en su justa medida. El exceso de ácido araquidónico está relacionado con patologías tan graves como el cáncer, el alzheimer, la diabetes, las cardiopatías, las enfermedades autoinmunes, etc.

¿Estoy diciendo con todo esto que usted no debe bajar de peso? Claro que no.

El diccionario Webster define bienestar como “la cualidad o el estado de gozar de una buena salud especialmente cundo se busca activamente como una meta”. Esto significa que hemos de hacer un esfuerzo si queremos estar sanos. Por tanto, uno de los principales objetivos en ese camino hacia la felicidad, el bienestar, debe ser el de  mantenernos en un peso estable que no suponga un riesgo para nuestra salud.


Cuando decida bajar de peso por el motivo que sea, acuda a un profesional debidamente cualificado. Tenga presente que la movilización del tejido adiposo conllevará una sobrecarga emuntorial, posibles disrrupciones endocrinas, inflamación sistémica, etc. De no ser así, usted estará poniendo en riesgo su salud.  Cuanto más a menudo lo haga, más “boletos estará comprando para que le toque el premio gordo de la lotería”.

Autor: Jose Ávila

¿Falta de ética profesional o incompetencia?

Todo el mundo conoce MCDonald’s. Pero hoy no voy ha hablarles de la calidad de esa comida, de si es buena o no para usted, o de si sus hamburguesas son de carne de vacuno 100% como ellos mismos aseguran. Simplemente quiero mostrarles mi indignación al hacerme eco de un caso más de mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad (parafraseando a Jesús García Blanca).
Para lavar su imagen después de una serie de escándalos relacionados con la salubridad de sus productos, MCDonal’s puso en marcha una serie de campañas: “testigos de calidad”, introdujeron verde en sus restaurantes (ensaladas, fruta…), e incluyeron paneles con la información nutricional de sus productos (Kcal, carbohidratos, grasas, etc.), aunque no en todos los establecimientos están a la vista de los consumidores. En su afán por demostrar a los consumidores que su comida puede formar parte de una dieta equilibrada, no han dudado en buscar el respaldo de “profesionales” del ámbito de la nutrición.
Concretamente me indigna una octavilla de la que disponen en algunos de sus restaurantes, con el título “Fundamentos de Nutrición”. Para la elaboración de dicho material, contaron con el asesoramiento de la Dra. Rosa Mª Ortega, del Dpto. de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid.
Léanlo ustedes mismos/as…
Para no excederme demasiado en la extensión del post, me centraré sólo en una de las barbaridades del documento, concretamnete en el párrafo que dice: “… la carne, junto al pescado y los huevos, constituyen un grupo de alimentos necesarios en la dieta diaria y es necesario tomar 2-3 raciones/día de este grupo de alimentos.”
Es decir, nos están diciendo que debemos comer 2-3 veces al día carne, pescado o huevos. Todos los días. Es decir, podríamos llegar a comer 21 veces a la semana carne. ¿Qué dice la ciencia al respecto?
En ese párrafo, se hace mención al  hierro “hemo”, con el que están obsesionados todos los nutricionistas y médicos más ortodoxos, pues desprecian el valor nutritivo, biológico, del hierro “no hemo” contenido en frutas, verduras, etc. Pues bien, en un artículo recientemente publicado en European Journal of Cancer Prevention en febrero de 2012, los investigadores concluyeron que una ingesta elevada de hierro “hemo”, procedente por ejemplo de la carne roja (como la de las hamburguesas), es un factor de riesgo de cáncer de esófago y de estómago. Tal y como exponen los investigadores en el artículo, el hierro “hemo” puede catalizar la formación endógena de compuestos N-nitrosos, que son potentes carcinógenos. Por otro lado se ha identificado el hierro “hemo” como un factor de crecimiento de Helicobacter Pylori, un factor de riesgo establecido para el cáncer de estómago.
En relación al cáncer del colon, hoy por hoy, es aplastante la postura de la ciencia al respecto. El consumo de carne procesada (a la brasa, parrilla, frita, etc.), está estrechamente relacionado con el cancer de colon. Debido a las aminas heterocíclicas (potentes carcinógenos) que se producen durante el procesamiento de la carne, tal y como recoge un artículo publicado enAmerican Journal of Epidemiologyen 2003.

En un reciente estudio de la Harvard School of Public Health en marzo de 2012, los investigadores concluyen que el consumo de carne roja se asocia con un mayor riesgo de mortalidad total, cardiovascular (con un riesgo del 18%-21%) y cáncer (con un riesgo del 10-16%). Una porción diaria de carne roja sin procesar  (aproximadamente del tamaño de una baraja de cartas) se asoció con un riesgo 13% mayor de mortalidad, y una ración diaria de carne roja procesada  (un perro caliente o dos rebanadas de tocino) se asoció con una 20% más de riesgo de mortalidad. La carne roja, especialmente la carne procesada, contiene ingredientes que se han relacionado con mayor riesgo de enfermedades crónicas, como enfermedades cardiovasculares y cáncer. Estos incluyen el hierro “hemo”, las  grasas saturadas, el sodio, los nitritos, y ciertos productos cancerígenos que se forman durante la cocción (aminas heterocíclicas).
La conclusión a la que llega Frank Hu, autor principal del artículo, profesor de nutrición y  epidemiología de la Harvard School of Public Health es lapidaria: “Este estudio ofrece evidencia clara de que el consumo regular de carne roja, especialmente la carne procesada, contribuye sustancialmente a la muerte prematura”.

Estos son sólo pinceladas de la ingente cantidad de estudios serios que existen al respecto. Sólo veo dos opciones posibles. O las autoridades competentes en materia de salud y nutrición en este país han sucumbido a los mecanismos de poder que imponen aquellos que dirigen el mundo (transnacionales farmacéuticas, agroalimentarias, etc.). O el futuro de la salud en nuestro país está en manos de “profesionales” que no hacen sus “deberes”, que no cuentan con filtros adecuados de información, que no reciclan sus convicciones y que han olvidado que la verdadera ciencia debe alejarse del carácter dogmático que hace tiempo que adopto la “ciencia oficial”.
Le animo encarecidamente a dudar de la “versión oficial”. Tome las riendas y autogestione su salud.
Jose Ávila