Pepe Ávila, 52 años.

Este espacio del blog lo reservé para que los pacientes que así lo quisieran, expresaran y compartieran su experiencia en su camino hacia el éxito. Pero en este caso, me permito la licencia de ser yo quien narre la historia de Pepe Ávila, mi padre.

Como imaginarán, para mí a supuesto una tremenda satisfacción personal guiar a mi padre a través de un proceso terapéutico, que tal y como el mismo afirma, ha llenado de vida sus años. Después de muchas conversaciones, unas más agrias que otras, en relación con su estilo de vida, sus hábitos, y cómo estos estaban haciendo mella en su salud, decidió darme una oportunidad. Pero no piensen que se trató de una oportunidad para que lo tratara, así, directamente; sino una oportunidad para demostrarle que su estilo de vida ya estaba “dejando huella”. Me permitió atenderlo en la consulta para hacer algunas pruebas de valoración, analíticas, etc.

Después de esa primera consulta, y aunque me cause cierta tristeza el pensarlo, su miedo ante los resultados de las pruebas fue mi mejor aliado. Lamentablemente son muchas las personas que tienen que llegar a este punto antes de darse cuenta que algo falla en sus vidas, antes de propiciar cualquier cambio en pro de su salud. Es la tristísima realidad. No obstante, me siento afortunado y hoy sé, que mi padre también, al no ser el suyo uno de esos casos que he tratado en consulta, en los que el paciente no ha reaccionado hasta que le han diagnosticado cáncer, o le ha dado un infarto, o trae debajo del brazo algún diagnóstico lapidario. Desgraciadamente se trata de algo muy humano. Existen otros casos mucho peores, es el caso de esos pacientes que ya “han recibido un aviso”, pero parecen no haberlo entendido…, por ejemplo, pacientes con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) con crisis agudas que han visto de cerca la muerte, pero pasada la tempestad siguen fumando.

En vista de los resultados, y como apuntaba antes, empujado por el miedo que estos suscitaron en mi padre, decidió darme la oportunidad de ayudarlo.  Recuerdo que le pedí un compromiso consigo mismo de 6 meses, sólo eso, 6 meses de su vida para hacer bien las cosas. No tenía nada que perder, total, llevaba más de 50 años tirando su salud por la borda; día tras día.

Por mi forma de hablar, no vayan a pensar que mi padre es una persona que comía sin control, de forma desmedida, o que abusaba de los dulces, el alcohol o las grasas saturadas…  Mi padre atendía a un perfil de persona muy común, esos que desbordados de felicidad han tomado por bandera frases del tipo: “comer es un placer”…, “de algo hay que morir”…, “la vida es muy corta y hay que disfrutarla”. Son personas que en general no se encuentran mal, en muchas ocasiones por no ser conscientes de sus limitaciones claro, las que ellos mismos se han ido buscando.  En el caso de mi padre existía un Síndrome Dismetabólico instaurado en toda regla, con alteraciones bioquímicas de más o menos relevancia: hipermocisteinemia, hiperuricemia, transaminasas elevadas, etc.; el cuadro se agravaba con resistencia a la insulina y un riesgo muy elevado de diabetes tipo II y enfermedad cardiovascular, estaba envejeciendo a un ritmo aceleradísimo. Por si fuese poco, el estrés laboral dominaba su vida.

En el poco tiempo que llevamos de tratamiento, y aunque aún no podamos decir que hemos alcanzado todos los objetivos marcados, creo que los primeros resultados son bastante positivos. Mi padre ya no padece Síndrome Dismetabólico. Después de perder casi 21Kg y un 12% de masa grasa, su composición corporal ya no supone un riesgo para su salud. Ha reducido sustancialmente su riesgo cardiovascular, su riesgo de contraer diabetes tipo II, y el ritmo de envejecimiento celular. Aún nos queda trabajo duro, sobre todo conductual. Pero lo más difícil ya ha pasado, lo más difícil fue dar el primer paso.

Enhorabuena papá. Muchísimas gracias por permitirme ser quien te guíe hacia una salud renovada. Ayudarte a conseguirlo ha tenido una doble recompensa para mí, como profesional y como hijo.

Jose Ávila

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2 comentarios sobre “Pepe Ávila, 52 años.

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