El peligrosísimo colesterol malo y los intereses económicos que oculta

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Hoy en día, todo el mundo sabe que tener el colesterol alto (hipercolesterolemia) supone un factor de riesgo cardiovascular. Es peligroso y por tanto hay que tomar medicación (estatinas) para bajarlo, bueno, o Danacol®, Benecol®, o cualquier otro “alimento funcional”; esos que vendía Manolo Escobar, Vicente del Bosque, etc… Eso es lo que tratan de inculcarnos, los médicos, la televisión, los nutricionistas, los famosos, el vecino… Pero, ¿cuál es el aval científico con el que cuentan esas recomendaciones? ¿Existe algún interés económico detrás de esas recomendaciones o se trata de evidencia científica utilizada en pro de la salud pública?

Vamos a verlo…

En 1980, se publica Seven Countries: a multivariate analysis of death and coronary heart disease(1). Una recopilación de datos extraidos de las observaciones del fisiólogo Ancel Keys, en relación a la ingesta dietética de grasa en siete países y la correlación entre esta y las enfermedades cardiovasculares. La estadística establecía una correlación positiva entre la ingesta de grasa dietética y el riesgo de enfermedad cardiovascular.

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Estos resultados fueron tenidos muy en consideración por el establishment médico de la época y obtuvieron una gran difusión. Es así como comienza la demonización de las grasas.

En 1992, el Dpto. de Agricultura Norteamericano, elevó las grasas a la cúspide de su pirámide alimentaria, haciendo hincapié en la recomendación de “cuanto menos, mejor”. En ese momento, no se hacía distinción entre diferentes tipos de grasa. Toda la grasa era mala y había que evitarla.

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Poco a poco, se comenzó a hacer la distinción entre las grasas para ver cuáles eran realmente las que suponían un peligro, y la culpa cayó sobre las grasas saturadas; fue entonces cuando el dogma oficial adquirió forma y se elevó al altar de la SacroCiencia:

La ingesta de grasas saturadas aumenta el riesgo de hipercolesterolemia. El “colesterol malo” (LDL-c), es el principal factor de riesgo cardiovascular, pues forma depósitos en las paredes arteriales dando lugar a placas ateroscleróticas que pueden derivar en la obstrucción total o parcial de las arterias aumentando la probabilidad de enfermedades cardíacas o apoplejías.

La Industria farmacéutica una vez más había encontrado una oportunidad de negocio. El colesterol es el princiopal factor de riesgo cardiovascular y nosotros (la Industria) tenemos la solución, las estatinas.

Pues bien, el National Heart Lung and Blood Institute (NHLBI), determina a nivel mundial los estándares a seguir en atención primaria en relación a las enfermedades cardiovasculares. En su tercer informe para el National Cholesterol Education Programs (NCEP), denominado Detection Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults (Adult Treatment Panel III – ATPIII), establece cuáles son los factores de riesgo de enfermedad coronaria, siendo los niveles altos en suero de Low Density Lipoprotein – Cholesterol (LDL-c) la principal causa de enfermedad coronaria. Otros factores de riesgo lipídicos descritos son los niveles elevados de triglicéridos en suero, el colesterol no-HDL, niveles bajos de High Density Lipoprotein Cholesterol (HDL-c) y la dislipemia aterogénica. En el informe se recogen otros factores de riesgo no lipídicos modificables como la hipertensión, el hábito tabáquico, la diabetes y la obesidad entre otros; y factores de riesgo no modificables como la edad, el sexo y los antecedentes familiares.

¿Gozan estas recomendaciones de aval científico libre de sesgo? ¿existe algún conclicto de interés entorno a las mismas?

¿Qué significa el término “conflicto de interés”?

El término conflicto de interés se aplica, entre otras, a aquellas situaciones en que la validez e integridad de la investigación pueden estar influidas por un interés secundario, típicamente un beneficio económico, pero también un posicionamiento ideológico u otros intereses personales o profesionales.

El conflicto de interés no es sinónimo de fraude científico ni malpraxis en investigación, pero en la literatura médica existe suficiente evidencia para considerarlo una importante fuente de sesgos. La forma usual de enfrentar el conflicto de intereses es hacerlos públicos, de forma que los lectores puedan juzgar por sí mismos su importancia.

Por ejemplo, las políticas editoriales de las revistas españolas se hallan, en general, lejos de darle importancia al conflicto de intereses, aspecto que podría favorecer una actitud de los investigadores (para mantener la financiación u obtener nuevos contratos) innecesariamente supeditada a los intereses de las empresas.

 En dos de las publicaciones utilizadas como soporte de las recomendaciones del ATPIII: implications of recent clinical trials for the National Cholesterol Education Program Adult Treatment Panel III guidelines; y quantifying the effect of applying the NCEP ATPIII criteria in a managed care population treated with statin therapy; Ocho de los nueve miembros del Comité Científico del Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol declararon vínculos financieros con compañías farmacéuticas que comercializaban estatinas. Por ejemplo, en el apartado “conflicto de intereses” del primer artículo, se recoge:

– Dr. Grundy: ha recibido honorarios de Merck, Pfizer, Sankyo, Bayer, Merck / Schering -Plough, Kos, Abbott, Bristol -Myers Squibb y AstraZeneca; ha recibido becas de investigación de Merck, Abbott y Glaxo Smith Kline .

– Dr. Cleeman: no tiene relaciones financieras que revelar.

– Dr. Bairey Merz (American Collage de Cardiología): ha recibido honorarios por conferencias de Pfizer, Merck y Kos; ha sido consultor de Pfizer, Bayer y EHC (Merck ); ha recibido subvenciones institucionales de libre disposición para educación médica continua de Pfizer, Procter & Gamble, Novartis, Wyeth, AstraZeneca y Bristol- Myers Squibb Medical Imaging; ha recibido una beca de investigación de Merck; tiene acciones de Boston Scientific, IVAX, Eli Lilly, Medtronic, Johnson & Johnson, SCIPIE Seguros, ATS Medical, y Biosite.

– Dr. Brewer: ha recibido honorarios de AstraZeneca, Pfizer, Ciencias de lípido , Merck, Merck / Schering -Plough, Fournier, Tularik, Esperion y Novartis; ha sido consultor para AstraZeneca, Pfizer, Ciencias de lípidos, Merck, Merck / Schering -Plough, Fournier, Tulari , Sankyo, y Novartis .

– Dr. Clark: ha recibido honorarios por presentaciones educativas de Abbott, AstraZeneca, Bristol -Myers Squibb, Merck y Pfizer; ha recibido subvención para investigación de Abbott, AstraZeneca, Bristol -Myers Squibb, Merck y Pfizer.

– Dr. Hunninghake: ha recibido honorarios por consultoría y por conferencias para AstraZeneca, Merck, Merck / Schering – Plough y Pfizer, y como consultor de Cos; ha recibido becas de investigación de AstraZeneca, Bristol -Myers Squibb, Kos, Merck, Merck / Schering -Plough, Novartis y Pfizer.

– Dr. Pasternak: ha sido conferenciante para Pfizer, Merck, Merck / Schering -Plough, Takeda, Kos, BMS- Sanofi y Novartis; ha sido consultor para Merck, Merck / Schering -Plough, Sanofi, Pfizer Health Solutions, Johnson & Johnson, Merck y AstraZeneca.

– Dr. Smith (American Heart Association ): ha recibido apoyo institucional para investigación de Merck;  tiene acciones de Medtronic y Johnson & Johnson.

– Dr. Stone: ha recibido honorarios por conferencias educativas de Abbott, AstraZeneca, Bristol-Myers Squibb, Kos, Merck, Merck / Schering -Plough, Novartis, Pfizer, Reliant, y Sankyo; ha trabajado como consultor para Abbott, Merck, Merck / Schering-Plough, Pfizer y Reliant .

En el caso de la segunda publicación, los autores declaran en el apartado “disclosure”: “La financiación para esta investigación fue proporcionada por Sankyo Pharma y fue obtenida por Pérez HE y Andros V, […] que actualmente cuenta con becas de investigación de Sankyo y muchas otras compañías de atención farmacéutica y de salud; Quilliam BJ era empleado de TTM en el momento de este estudio. Jones P, ha recibido subvenciones de Sankyo, Pfizer, AstraZeneca y GlaxoSmithKline y honorarios de Pfizer y AstraZeneca.”

Alguien podría pensar que la relación financiera entre los investigadores y la Industria farmacéutica, no es sinónimo de sesgo; y que por tanto los resultados sustentados por esas publicaciones podrían atender a la verdad sin haberse visto influenciados por los intereses de la Industria. Sin embargo, para otros tantos, la cosa no está tan clara. Y no me refiero a profanos en la materia…

El 23 de septiembre de 2004, el director ejecutivo del Centro para la Ciencia en el Interés Público (CSPI) Michael Jacobson, PhD, y 34 MD’s y PhD’s, enviaron una carta a la atención de la Dra. Barbara Alving, Directora en funciones del National Heart, Lung and Blood Institute (NHLBI), solicitando constituir un comité científico independiente para volver a examinar los datos que sustentaba el NCEP como guía para la práctica clínica en atención primaria. En ésta carta, los doctores, ponían en duda la base científica y la objetividad de las recomendaciones del ATPIII para el control del colesterol; y la actualización del 2004 sobre éstas recomendaciones, que fueron desarrollados por el NCEP.

La respuesta de la Dra. Alving describe la “abundante” evidencia que apoya la reducción del colesterol: “Las recomendaciones del ATPIII tienen una base científica sólida, y el NHLBI ha utilizado un proceso cuidadoso en el desarrollo de las mismas, incluyendo múltiples niveles de revisión, para garantizar la integridad y la objetividad de las directrices . Por lo tanto, el NHLBI no cree que una nueva revisión de los datos sea necesaria en éste momento … Cuando los resultados de los ensayos en curso actualmente estén disponibles, el Instituto tendrá en cuenta la formación de un nuevo panel de expertos para actualizar las directrices existentes”.

Hasta la fecha, los estudios científicos independientes cuyos resultados han sido opuestos al dogma oficial, no han sido tenidos en cuenta. La Industria, a través de sus organismos “públicos” ha blindado el dogma que tantos beneficios le reporta.

Como decía Paul de Feyerabend: “Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología y debe ser separada del Estado y especialmente de la educación”.

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Sin comentarios…

Para más información, recomiendo la visualización del documental $TATIN NATION (http://www.statinnation.net/).

Referencias:

(1) Keys A (ed). Seven Countries: a multivariate analysis of death and coronary heart disease. Harvard University Press. Cambridge, Massachusetts. 1980

 

Autor: José Ávila

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